Sacrificio y metas 2021

En colaboración con
Luis Enrique Castro Gutiérrez

Metas y propósitos nacen en millones de corazones al final de cada año nuevo.

Estos compromisos surgen desde lo más profundo de nuestra alma, aprovechando la inercia del momento y de las festividades para expresar el ya conocido e incesante anhelo de siempre mejorar y crecer en las diferentes áreas de nuestra vida personal.

Sin embargo alguna vez te has preguntado, ¿Por qué la gran mayoría de estas promesas y metas nunca llegan a una culminación?

La creación de nuevos retos y compromisos en nuestras vidas representan también el estar dispuestos a pagar un precio que se percibe ligero y suave a la vista, pero áspero y en ocasiones pesado para el corazón. A este intercambio le llamamos sacrificio.

La razón principal por la cual millones de promesas quedan a un costado del camino es debido a que su principal componente es el sacrificio, y más que algo placentero puede describir como lo contario.

 ¿No son acaso las uvas molidas y trituradas antes de producir los mejores vinos? ¿No se somete el carbón a una presión extremadamente fuerte para convertirse después en un precioso diamante? ¿No es la semilla enterrada bajo tierra en el barro para después crecer hasta los cielos y rendir su fruto?

Es natural entonces que nos planteemos a nosotros mismos la siguiente pregunta, ¿No es acaso necesario sacrificarnos para realizar nuestras metas y propósitos de vida?

Cabe resaltar que estas acciones de crear compromisos, metas y anhelos son totalmente voluntarias y personales, y es precisamente ahí donde reside el problema. Al ser nosotros mismos los encargados de efectuar el sacrificio, nos convertimos en nuestros propios jueces, y ningún juez atenta contra su propia casa.

Es absolutamente necesario tener en claro la meta final a futuro para poder corregir la dirección de nuestros pasos en el presente. Saber dominar la batalla incesante de la comodidad que tanto busca la mente contra el sacrificio de culminar un propósito que tanto anhela el corazón.

Estas batallas invisibles suceden en cada uno de nosotros, a cada momento, y a su vez nos dan la oportunidad de confiar más en fuerzas que no podemos ver, de creer en situaciones que todavía están por venir y de aún en incomodidad y dolor, ejercer el bien. He aquí la magia de un propósito.

Un año nuevo representa un nuevo inicio, representa la oportunidad de acercarnos más a Dios y de conocernos más a nosotros mismos.

Bien hemos escuchado que “cada sacrificio trae su propia recompensa” pero es la satisfacción de haber logrado nuestro cometido lo que nos brinda la confianza y fuerza de seguir dando pasos. Cada logro es un pequeño bloque que podemos emplear para construir la obra, el edificio, ese lugar en donde habitaremos con nosotros mismo y con Dios, y que si es nuestro deseo puede llegar a ser tan alto como las mismas nubes en el cielo.

Así que, se valiente. Traza compromisos y metas en los planos de tu vida, nadie nunca se ha arrepentido de dar su mayor esfuerzo por alcanzar el bien.

Lo más difícil no es levantarte de los fracasos, si no encontrarte en un lugar donde no exista la posibilidad de levantarte.

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