Día de muertos: tributo a nuestros fieles difuntos

Por generaciones nos hemos dado a la tarea de buscar la manera de sentirnos más cerca de aquellos seres queridos que por algún motivo o razón se nos han adelantado. De forma que, hoy en día, la celebración del día de muertos más que una tradición, se ha vuelto un ritual religioso en millones de familias mexicanas, en las cuales, se permiten venerar la memoria de sus seres queridos trayendo a su mente una gran diversidad de recuerdos de ellos. Cada recuerdo les proporciona la paz y la tranquilidad de saber que esa persona en su vida terrenal fue feliz, disfruto y vivió de la mejor manera en base a sus propios ideales.

La visión que el individuo muestra con respecto a este día se ha ido modificando de acuerdo a la época, por ejemplo: en la era prehispánica formaba parte de los elementos básicos de la cultura, dónde se creía en el regreso transitorio de las almas de los difuntos, es decir, se trataba de una celebración que conllevaba la trascendencia, porque durante esos días se habría el portal que dividía a ambos mundos, dando la oportunidad de reencontrarse con sus difuntos, aunque fuera por un día.

La celebración del día de muertos se lleva a cabo durante los días 1 y 2 de noviembre, en donde el primero corresponde a los santos, incluyendo a nuestros muertos en etapa infantil, mientras que el segundo se dirige a los fieles difuntos, es decir adultos.

Una de las mayores tradiciones se da cuando son los familiares de dichos difuntos quienes se disponen durante esos días a agendar una cita con sus familiares fallecidos, cita en la cual cada año acuden al lugar donde este se encuentra, le colocan diferentes ofrendas, limpian y arreglan sus tumbas con flores, globos, veladoras, etc. En ocasiones realizan altares con sus platillos favoritos, papel picado, pan de muertos, entre otros detalles que eran de su gusto. Buscando el darle  el valor e importancia que se les daba o que necesitábamos darles cuando vivían pero ahora desde otra perspectiva.

Sin embargo, hemos llegado a un año que ha venido a marcar de manera significativa nuestras vidas, ya que nunca habíamos vivido algo de tal magnitud. El 2020 ha venido a modificar cada uno de los entornos del ser humano, ya que esta vez, todos los hemos pasado aislados, alejados, añorando lo que antes solíamos  tener y nos olvidábamos de valorar, marcando cierta distancia con nuestros seres queridos muertos y vivos por protección.

Por seguridad, nuestras costumbres y tradiciones se han visto modificadas, este año nos privó de muchas cosas, los panteones están cerrados, los pequeños convivios en la casa de la abuela después de ir a visitar a nuestros difuntos, la elección de sus flores favoritas o la decoración que pondríamos en sus tumbas, y en cambio, esta vez cada persona ha buscado una forma de honrar y recordar a sus seres queridos, estamos tan acostumbrados a realizar siempre los mismos ritos que en esta ocasión se nos ha dificultado el saber que podemos hacer o encontrar una forma diferente de reconocerlos…

¿Qué pasa si en esta ocasión simple y sencillamente nos encargamos de recordarlos a través de una oración, una veladora encendido acompañada de su foto o un pequeño altar dentro de casa? ¿Qué pasa si esta vez solo me permito el recordar lo importante que fueron en mi corazón?

“Vivir en los corazones que dejamos atrás no es morir”

Thomas Campbel

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