Diferenciación entre reglas y afecto: el mejor regalo para nuestros niños.

Los niños tienen la maravillosa capacidad de buscar lo mejor para sí mismos, vienen preparados para aprender de su entorno por medio del juego, por lo que generalmente están listos para las actividades que lo impliquen, es por ello que la mayoría de las ocasiones prefieren estar inmersos en lo que consideran divertido a cualquier otra cosa que les parezca aburrida o tediosa.  Es por esto que en muchas ocasiones cuando se les pide que hagan actividades ajenas a lo que ellos consideran entretenido como hacer la tarea, ordenar sus juguetes o cosas, guardar silencio en situaciones que se requiere, o bien, seguir indicaciones, pueden mostrar resistencia a hacerlo. Es aquí donde pueden surgir conflictos, pues es normal que los padres lleguen a sentirse desesperados y perplejos ante la desobediencia de los niños, sin embargo, es fundamental tomar en cuenta que la forma en que los padres aborden estas situaciones repercutirá inmensamente en la formación de la personalidad de los hijos.

                Los padres siempre buscan la manera de darle lo mejor a sus niños; una buena educación, cubrir sus necesidades básicas de alimento, ropa y cuidados. Además de poner a su alcance experiencias que los ayuden a crecer felices y sanos. Incluso suelen dar regalos para sorprenderlos y motivarlos, sobre todo, en fechas especiales como cumpleaños, navidad y el día del niño. Es por ello que en esta ocasión me gustaría compartirles lo que para mí es el mejor regalo que podemos darle a nuestros niños, no solo en fechas especiales, si no todos los días. Este hermoso regalo es una diferenciación clara entre reglas y afecto.

Como parte de su desarrollo, los niños tienen rasgos egocéntricos, esto quiere decir que relacionan todo lo que pase en su entorno con ellos mismos, por lo tanto, si a mamá o papá le duele la cabeza y están de mal humor, ellos pueden pensar que es por algo que hicieron mal. De la misma forma, cuando los padres utilizan el afecto para castigarlos por desobedecer ellos pueden pensar que no son queridos o que tienen algo malo. Un ejemplo de esto sería cuando se les regaña o les “llaman la atención” con el enojo, se les aplica la ley del hielo, se les etiqueta y se utilizan castigos físicos. Todas estas acciones en lugar de enseñarle al niño que la conducta es la inadecuada, les hace creer que son poco capaces, generando sentimientos de inseguridad, enojo y baja autoestima.  Por lo tanto, es importante evitar poner consecuencias que involucre el afecto, esto no significa darle al niño todo lo que pida o dejar que haga lo que él desee sin reglas, significa establecer reglas claras con consecuencias en base a privilegios no necesidades, es decir, beneficios que el niño tiene, como reducción del uso de la tecnología, chucherías, horarios de juegos, etc.

                Además, será imprescindible referirnos a la conducta en estado tranquilo y no al niño cuando establecemos una consecuencia. Un ejemplo de esto sería decirle al niño “como no has ordenado tus juguetes entonces hoy no podrás ver la televisión”, en lugar de decirle: eres un flojo por no ordenar tus juguetes. Si lo hacemos en estado tranquilo el niño entenderá que, aunque tenga consecuencia todavía es querido y valioso, esto permitirá que forme una buena imagen de sí mismo, ya que, si es la conducta la que esta mal, entonces, puede corregirla lo que genera que se sienta capaz y seguro. Lo que se reflejara en una sana autoestima, así como regulación emocional y conductual.  Entonces cuando un niño pregunté ya no me quieres, podremos responder sí te quiero y el día de hoy no hay tecnología ya que no hiciste tu tarea cuando te tocaba.

                Cuando los papás ponen consecuencias dejándose llevar por el enojo o la frustración, su lógica se nubla, lo que puede llevarlos a establecer castigos que sean difíciles de cumplir o que sean muy grandes logrando lastimar emocionalmente al niño. Además, dichos castigos suelen propiciar sentimientos de culpa en los padres, por lo que después pueden tratar de compensar a los hijos enviándoles mensajes confusos. Entonces la mejor forma de brindarle al niño una diferenciación clara de límites y afecto, es con un equilibrio entre reglas claras, consecuencias y amor.

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