Calidad en tus pensamientos = bienestar para tu vida

En la actualidad, las personas viven con un sinfín de interrogantes acerca de su salud, física y emocional, entre todas esas dudas, comúnmente vemos que se encuentran interesados por saber si, su malestar actual proviene de algún detonante orgánico o se debe a una consecuencia de su estado emocional. Podríamos, médicos o psicólogos, buscar y tratar de dar una respuesta a ello, sin embargo, esto sería poco útil.

Si bien es cierto, cualquier enfermedad o las complicaciones de las mismas, pueden ser una combinación de ambos factores en proporciones distintas, lo interesante aquí, no es conocer si la enfermedad es de origen orgánico o emocional, sino más bien, determinar qué tanto y qué le corresponde a cada parte, incluso, algo muy interesante que podríamos encontrar es que, muchas veces nuestro miedo, ansiedad, depresión, u otros síntomas asociados a nuestro estado de salud, algunas veces son más grandes que nuestra enfermedad o condición real.

Esto se debe a que, en ocasiones nuestros pensamientos, ideas, o hipótesis ante las situaciones de la vida, nos hacen más daño que nuestra situación real, ¿cómo es esto?

Algunos expertos sostienen que, ante cualquier situación, de manera inmediata las personas hacemos una interpretación, o evaluación de lo que está sucediendo, ya sea de forma consciente o inconsciente, es decir, siempre pensamos algo acerca de una situación real, lo cual, en ocasiones puede surgir de percepciones y concepciones erróneas. Como consecuencia de lo anterior (situación + pensamiento), tenemos una reacción en nuestro organismo, que se ve reflejada en nuestro estado emocional y en nuestra conducta, esto sucede, en cada una de las situaciones que vivimos.

Por ejemplo, nos encontramos en una reunión familiar, en la cual, también está nuestra pareja, de repente, vemos que su celular suena y en seguida se aparta de todos, además, vemos como sonríe y pareciendo disfrutar, lo que lee en un mensaje. Probablemente, ante tal situación podríamos pensar: “Quizá está hablando con otro/a”, “Si no fuera algo malo, no se habría apartado a contestar”, “¿y si tiene una relación con alguien más?” … y entonces, podríamos dar pie a experimentar enojo, celos, inseguridad, desconfianza, y un sinfín de emociones poco agradables, reflejándose en nuestra conducta, como mantenerse distante, dejar de ser cariñosos, evitar contacto, e incluso reclamarle directamente.

De esta manera, nuestro comportamiento se convierte en la respuesta de nuestras creencias y emociones, alejándose de la situación real

Por lo tanto, si después de experimentar estas consecuencias o reacciones emocionales y conductuales (como fatiga, sudoración, manos temblorosas, dolor en el estómago, salir corriendo, gritar, etc) nos detenemos a pensar, y discutir sobre aquello que nos llevó  a sentirnos de esta manera, podríamos llegar a concluir que no había un peligro real, más allá de la impresión  o “susto” válido que nos pudo haber generado la reacción del perro, y entonces, tendremos un nuevo efecto, donde nuestra ansiedad  disminuirá y podríamos incluso volver a pasar por ese lugar, quizá un poco más alertas, claro, pero sintiéndonos más seguros y menos ansiosos.

Desde este punto de vista, pareciera que el acontecimiento que vivimos, por sí solo (p.ej., ser rechazados por alguna persona significativa, contraer alguna enfermedad, o estar frente a una importante e imponente tarea), nos conduce directamente a sentirnos ansiosos, o deprimidos, sin embargo, lo que realmente nos condujo hacia ese estado fue más bien, nuestro sistema de pensamientos o creencias ante tal situación activante, aunque, es importante mencionar que la situación por si sola pudo haber contribuido.

Otro ejemplo podría ser el siguiente:

Situación: persona con posible diagnóstico de cáncer
Pensamientos:
“No debo tener una enfermedad tan terrible como el cáncer!, ¿Por qué a mí?, ¡yo no podría soportarlo!

Consecuencias:
-Depresión, ansiedad, compasión de sí misma, ira, etc.
-Sentirse severamente enferma y quizá más de lo necesario, y con pocas fuerzas que le impulsen a hacer algo por su meta de estar sana.

Planteamientos a considerar:
-¿Qué razones hay de que no deba o no pueda contraer una enfermedad como en cáncer?  Aun cuando si hay razones para considerar que es una desdicha que va contra sus metas y valores como el estar sana.
-No sería tan terrible, ya que terrible lo haría totalmente inconveniente, y ella aun podría hacer algo por su salud y lograr cierta felicidad y bienestar.
-Ella podría soportarlo, aun cuando no le gustaría, podría luchar contra dicha condición y probablemente superarla, y en el peor de los casos, que hoy en día se vuelve algo menos probable, ella podría soportar el hecho de morir.

Nuevos o adecuados pensamientos:
“No me gustaría estar enferma, sería una desdicha tener cáncer, no hay evidencia de que yo no deba o pueda estar enferma, y aun enferma podría tener una vida razonablemente feliz”
“Si estoy enferma necesitaré atención médica y recursos económicos, quizá con apoyo de mi familia y con mucho esfuerzo, pueda vencerlo”
“El dolor y el malestar serán inevitables, aunque aún hay cosas que podría hacer para sentirme mejor”


Nuevas o adecuadas consecuencias:
-La depresión y ansiedad podrían cambiar por tristeza, incertidumbre, o disgusto. Y su autocompasión por determinación a cambiar su estado actual, etc.
-El considerar una desdicha, pero solo una desdicha el estar enferma, la puede impulsar a conseguir sus metas y valores de permanecer sana y feliz, tanto como pueda mientras esté viva.
-Podría ver más fácilmente los recursos con los que cuenta y necesita, como la familia, los médicos, medicinas, procedimientos, etc.

Podemos observar cómo, ante la misma situación, contamos con un sinfín de pensamientos alternativos, de los cuales dependerá en gran medida, las consecuencias para nuestra vida, y en este caso para nuestra salud.

Lo revolucionario: Pensar y actuar

En conclusión, podemos permitirnos sentir emociones, sí,  incluso emociones fuertes, ante cualquier situación o experiencia activante desagradable, siempre y cuando busquemos y cuidemos que sean apropiadas a mi situación real, y que, me impulsen al cambio o a la mejora, tales como pena, disgusto, molestia, enojo, determinación a cambiar, etc.

Entonces, es importante detenernos a pensar, y discutir aquellas ideas o supuestos que quizá, me están llevando a tener emociones contraproducentes, tales como los sentimientos de culpa, depresión, inutilidad, ansiedad, pánico o rabia que no me llevan a mejorar, si no, más bien a actuar y a intentar solucionar de manera inapropiada mi situación.

Estos sentimientos, proceden generalmente de ideas que no podemos comprobar, que no tenemos evidencia de que las cosas deban o tengan que ser así, pero que aún así, las sostenemos y defendemos. Generalmente estas ideas vienen acompañadas de palabras que nos pueden ayudar a identificarlas como debo, tengo, todo, todos, nada, nadie, nunca, siempre, no puedo o adjetivos que sobregeneralizan como terrible, insoportable, intolerable, etc.

Estas palabras te ayudarán a identificarlos y así ponerlos a prueba mediante cuestionamientos que te impulsen a cambiarlos por otros más apropiados.

¡Puedes anotar los que detectes!, de esta forma se te será más fácil identificarlos cuando aparezcan nuevamente e irlos eliminando de tu vida.

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