El miedo en la vida cotidiana

En muchas ocasiones el miedo nos impide ser lo que realmente somos, ya que nos condiciona, limita, restringe, empequeñece y  distorsiona la realidad.

En algún momento de nuestra vida, todos hemos sentido o sentiremos miedo, cualquier miedo, independientemente de que podamos llamarlo de esta manera o lo disfracemos con algún otro término para suavizarlo y hacerlo más fácil de llevar, como fastidio, disgusto, resistencia, respeto, obediencia, incomodidad, entre otros. Comúnmente, llamamos al miedo que sentimos con alguno de estos términos, por ejemplo, cuando decimos: “no es miedo, le tengo respeto”, “no me atrevo porque me da vergüenza” o cuando decimos “es mejor hacerlo así para que no se enfade”.

Es normal, e incluso importante y necesario  reaccionar a diversas situaciones que implican peligro, ya que este miedo nos previene, y nos ayuda a mantener distancia, a rechazar o buscar otra alternativa ante aquello  que atenta con nuestra seguridad, y esto es algo realmente sano, y a veces necesario, pues, ¿qué podría pasarnos si no sintiéramos miedo a un callejón obscuro dentro de una ciudad peligrosa?, o al encuentro con una persona que nos ha hecho daño.

Es totalmente sano asustarnos frente a una situación real de peligro, recordarla y aprender de su experiencia, sin embargo, cuando el recuerdo de ese miedo, o de esa situación condiciona nuestra conducta a esos eventos, entonces no lo estamos afrontando de manera sana, es decir, cuando se prefiere no salir a la calle porque en alguna ocasión vivimos un acontecimiento desafortunado, en lugar de evitar estar a altas horas de la noche, o en lugares poco transitados para no exponernos a dichos eventos. O  cuando evitamos acudir a algunos lugares donde sabemos que la persona que ocasionó daño podría asistir.

Para saber cuándo estamos experimentando una sensación de alarma propiamente sana, es importante tomar en cuenta que esta será algo que siente ante algo inesperado o desconocido, más no algo que proviene de un pensamiento o de nuestra imaginación.

Si estamos, tranquilamente,  y llega algún evento inesperado a quitarnos nuestra quietud o a inmovilizarnos, es decir “nos asusta”,  esto es una respuesta totalmente natural y que nuestro cuerpo utiliza como defensa, y si se lo contáramos a otra persona, está podría comprenderlo aun cuando no lo sienta, ya que la situación tiene coherencia. Sin embargo, cuando ese evento ha terminado, y estamos conscientes de ello y quizá sabemos que ya no podría presentarse, y sin ningún estímulo más que el de mi recuerdo, comienzo a asustarme de mi propia idea y vuelvo a tener una respuesta de alarma pese a que el evento, no se está presentando, por lo tanto, ya no se trata de susto, si no de miedo. El estar asustados proviene de nuestra percepción y, es natural, si el sentir miedo proviene de nuestra imaginación, y ambas emociones son reales y verídicas, aun cuando uno provenga de un hecho real y otro de un hecho imaginario.

Para lograr deshacernos del miedo que nos limita y condiciona es importante lo siguiente:

  1. Reconocer lo que estoy sintiendo, frente a qué situaciones o pensamientos se desencadena y de qué manera mi cuerpo responde a ello. Quizá baste el recordarlo de tal manera que podamos volver a vivirlo de manera muy consiente, identificar para qué me ayuda sentirlo, y cómo me perjudica en mi vida diaria y en mi bienestar físico, lo cual es lo que le voy a aprender y por lo que lo quiero dejar ir.
  2. Será necesario también, identificar qué pensamientos nos llevan a sentir ese miedo, si se ha generalizado hacia otras situaciones, o emociones, y si es necesario, llevar un registro por escrito de todo lo que nos haga volver a él podríamos hacerlo.
  3. En ocasiones, no tenemos el control de todas las cosas y situaciones, y esto no está mal, sin embargo, a veces queremos acabar con ello también,  el hecho de fallar en controlarlo nos genera un grado de estrés y ansiedad que únicamente alimentan nuestro miedo y nos hace sentirnos más vulnerables e impotentes, por lo tanto, identificar aquello que no puedo controlar y que no depende de mí, que además si puedo hacer algo con lo que me hacen sentir y pensar, ayudará a que el miedo desaparezca progresivamente.
  4. Es importante ampliar nuestra percepción, ya sea platicando con otras personas nuestras experiencias y escuchando las suyas, y fijándonos en cómo reaccionan y viven los demás a nuestro alrededor.
  5. Evita que otras personas hagan por ti las cosas que alimentan tu miedo, ya que esto ocasiona que nuestra capacidad de enfrentarnos a estas situaciones disminuya.

Recuerda que el miedo es un instinto de supervivencia desarrollado para protegernos del peligro y mantenernos a salvo, nos toca a nosotros revisar si este proviene de situaciones reales o solo son producto de nuestra imaginación, entonces sería necesario, identificar la idea irracional y detener el pensamiento que nos genera miedo.

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