¿Sobreprotectora yo? Para nada

Colaboración de María Inés Mendoza y Rosario García

“Sólo deseo cuidarlo de este mundo que cada día está más perdido” Es la frase que comúnmente los padres expresan para proteger a sus hijos y en ocasiones es justificada por todos, como una conducta que los padres deben de tener, incluso como una forma natural de amar. Pero, ¿en qué momento esta conducta de “proteccción” sobrepasa los límites? ¿cúando se limita el desarrollo del niño por culpa del miedo de su padre?

A continuación presentamos algunas características de un padre que tiende a la sobreprotección:

  • Quiere privar de todo dolor a su hijo.
  • No le permite explorar.
  • Toma decisiones por él.
  • Le ayuda a hacer cosas que él no puede, sin motivarlo a esforzarse.
  • Arregla sus problemas con los demás.

Quizás puedas pensar “Pero proteger a mi hijo no es malo” y tienes razón; proteger a tu hijo es algo necesario, pues necesita ser cuidado y guiado para lograr ser independiente. El problema comienza cuando la protección sobrepasa los límites y afecta directamente su desarrollo.

¿Cuáles son las consecuencias de la sobreprotección en los niños?

Inseguridad en diferentes situaciones cuando los padres no están presentes

Cuando salen a algún lugar nuevo para ellos como la escuela, una fiesta o una reunión, y se les presenta alguna situación, no saben cómo reaccionar volviéndose presa fácil de la circunstancias.

Dependencia hacia las figuras de autoridad con un sentimiento de que no pueden lograr lo que se proponen

Buscan la aprobación constante de cada una de las cosas que realizan, necesitando la felicitación para lograrlo, si en algún momento las figuras de autoridad no les refuerzan, piensan que lo están haciendo mal y dejan de intentarlo, perdiendo su objetivo. Su frase más usual es “no puedo”.

Miedos injustificados.

Se muestran temerosos ante situaciones que no tienen causa aparente;  también los miedos pueden ser resultado de la observación de los padres o ideas trasmitidas por ellos mismos como introyectos. 

Bajo rendimiento escolar

Cuando los hijos tienen mucha tarea o es complicada, los padres les ayudan, haciéndolos sentir que no son capaces de realizarlo o que no confían en su potencial; como consecuencia, se dan por vencidos fácilmente.

Ser propenso al acoso escolar o abuso en diferentes situaciones.

Al vivir en un entorno donde todo se les soluciona, no aprenden a enfrentar los acontecimientos que se les presentan; por ejemplo, un compañero le dice un sobre nombre que no les gusta, entonces ellos no saben cómo decir que no, experimentando niveles altos de frustración y expresándose por medio del llanto  sin obtener resultado alguno.

Baja autoestima

Al final, todos los sentimientos de culpa, miedo e impotencia llegan a este punto, con un niño que difícilmente puede ver la realidad, teniendo una imagen distorsionada de él mismo, creyéndose incapaz de hacer las cosas y de poca importancia.

La sobreprotección en los niños los vuelve incapaces de desarrollarse plénamente en su medio ambiente, privándolos de sacar su potencial y de atreverse a ver el mundo que le rodea con libertad y confianza.

Cuando se aplican reglas y consecuencias en casa se ayuda a los niños a tener estructura y confianza en ellos mismos, saben lo que valen, de lo que son capaces y que pueden lograr lo que se proponen. El retarlos constantemente les favorece darse cuenta que saben enfrentar situaciones; los padres les entregan autocontrol, aprendiendo así a ser responsables de sus actos.

¿Cómo prevenir estos problemas en nuestros hijos?

Enséñale a tu hijo a establecer metas y objetivos en su vida diaria de acuerdo a su edad.

Es importante preguntarle al niño qué es lo que quiere lograr a corto plazo y que se le motive para lograrlo, dándole un abanico de posibilidades que le podrían favorecer, sin decirle qué opción tomar.

Mantengan una estructura en su vida para crear cierto grado de certidumbre.

Que el niño tenga una rutina, como la hora de levantarse, cambiarse, desayunar, ir a la escuela, hacer tarea, dormir, etc. ayuda a que él sepa exactamente lo que se espera de él y experimenta por consecuencia la sensación de logro; aumentando así su seguridad.

Invitarlo a tomar decisiones

Cuando los hijos son pequeños pueden empezar con decisiones básicas como elegir entre 2 prendas de vestir, qué sabor de nieve comprar, entre otras. Esto le ayudará a acostumbrarse a tomar decisiones que tengan una reparación en él, y así al crecer saber elegir responsablemente

Dándole responsabilidades en casa.

Estas responsabilidades tienen que ser objetivas y reales; adecuadas a su edad, por ejemplo:

  • 18-24 meses: Comer solo, recoger juguetes grandes y ponerse  alguna prenda sin ayuda.
  • 24-36 meses: Que se cambie solo aunque no lo haga correctamente, quitarse los zapatos y ponerlos en su lugar.
  • 4 años: Recoger sus juguetes y  poner la ropa en su lugar.
  • 5-6 años: Tender su cama, bañarse solo con supervisión y ordenar sus útiles escolares.
  • 6-12 años: Ayudar a lavar su plato, acomodar su mochila, desvestirse solo y ayudar a poner la mesa.
  • 12-15 años: Cuidar sus pertenencias, mantener limpias las áreas en común y ayudar a limpiar su cuarto.

Mostrar seguridad acerca de la solución de problemas.

Cuando el niño tome una decisión sobre un problema, dejarlo que experimente y viva el resultado a pesar de que como padres crean que no es la mejor opción; esto le servirá para darse cuenta que si no obtiene lo que esperaba puede tener otras opciones y lograr su objetivo; cuando  lo realice  su grado de satisfacción será muy grato y le ayudará a fortalecerse en la  solución de problemas y autoestima.

Mostrar límites claros respecto a las reglas de la casa, creando un acuerdo

Es importante que todos los miembros de la familia contribuyan a establecer las reglas y consecuencias,  donde cada uno de los miembros esté de acuerdo; de tal manera que si no se cumple lo establecido habrán de enfrentar las consecuencias de sus actos, esto provocará que el niño se convierta en resiliente ante las situaciones de la vida.

Mantener una comunicación efectiva con los niños; de tal manera que conozcan sus sentimientos y deseos.

Recodemos que es necesario hablar siempre con los niños acerca de sus emociones experimentadas, como estar feliz, triste, enojado, etc. esto le enseña al niño que es normal sentir y expresar las emociones. Por ejemplo: si un familiar querido muere, el adulto puede llorar controlado cerca de su hijo y cuando éste le pregunta ¿qué pasa? decirle “estoy triste por la muerte de esa persona”, así el niño aprenderá que sus sentimientos no son malos.

En ocasiones los padres quieren privar del sufrimiento a sus hijos, protegiéndolos de lo que a su ver es peligroso e inseguro; sin embargo, hay que recordar siempre que las experiencias de vida son lo que ayuda a nuestros hijos a ser resilientes y salir victoriosos ante cualquier adversidad que se les presenta.

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